Bajar armas

A qué hemos llamado distancia si yo sigo contigo y tu sigues aquí, 
qué fue separar los caminos 
si hay huellas del uno y del otro en los lugares donde andamos,
en el paso que damos esperando que sea asunto del polvo y el silencio

Yo me acuerdo de tus manos y tus piernas como del otoño que está por venir,
mis recuerdos son como si el futuro, no como si el pasado 
y entonces no descanso, no concibo suspensión ni abandono,
cuál ha sido la conclusión si yo solo cubrí todo y tú te ocultaste

Han cantado en uno de los lugares donde alguna vez vivimos
han invocando a los que fuimos 
como conjurando un ritual de presencias 
Éramos
y seguimos siendo,
no ha habido muerte ni tumbas 

Levitamos en el tiempo como huérfanos de lo que no dimos
parados en el borde de un vacío al que no caímos,
pirómanos cobardes 
dónde están los restos si ni siquiera sabemos del incendio.



Granizo

Te saca de tus casillas porque puede hacerlo, te muestra algo más que tu pobre cotidianidad.

No es un milagro ni el castigo de algún dios, tampoco el resultado de bailar con intensidad para que Tláloc venga, nadie lo ha llamado y sin embargo está aquí, pero no viene porque quiera ser mirado, ni siquiera se lo ha propuesto. No hace acto de presencia para que alguien le reconozca, sin embargo, tú lo hiciste y lo haces; como todo en un inicio: 

Lo miraste y el asombro te inundó, tuviste la necesidad de preguntarte por él, de explicarlo y nombrarlo -es granizo- dijiste, y así justificaste la aparición de la tormenta, de algo sólido que cae del cielo y desaparece en el suelo en forma líquida. Va a granizar, está granizando, ya granizó: lo convertiste en un acto y un verbo conjugado con la intención de darle forma de lugar común, como todo lo demás.

Pero intenta usar tu automóvil cuando el granizo cae con más intensidad y toma la calle, intenta colocar tu ropa recién lavada en el tendedero, salir a la calle sin que te golpee el cuerpo y te haga consciente de su presencia… y dentro de algún lugar, ¿puedes seguir tu rutina sin escucharlo o verlo?

Empieza golpeando tus ventanas, haciendo resonar el techo de la casa; pequeñas bolas de hielo que caen una tras otra coloreando de blanco todo lo que encuentran y si les pones atención, revelan ritmo en su caída, una canción y una danza que suceden a pesar de ti y de tus ocupaciones, de las calles y los edificios, de los relojes y el tiempo. Es mejor que dejes que te empapen de cualquier manera.

Fíjate bien, ya te robaron la atención, tomaron tu mirada aunque fuese por un momento, ya no estás en lo que hacías o decías, o por lo menos, no puedes estarlo del todo. Mira cómo los granizos caen, duran tan poco ¿no es así?, cuán corta es su presencia, pero también, es verdad, cuántos recuerdos pueden construir o evocar. 

Ya acabó la tormenta, ya se termina el granizo y dejas de admirarlo, ¿te das cuenta? 
Cuando se va se acaba el espectáculo, todo vuelve a los colores conocidos y las personas a las actividades que pueden hacerse cuando no graniza. Regresa a lo que hacías, regresa ya a lo que estabas, el granizo ya se fue.



Álbum de recuerdos

Me dijiste, eres un recuerdo 
uno de hoy o de hace un tiempo, tal vez los dos a la vez
Me dijiste que te gustaría estirar el tiempo
y que nos escondiéramos ahí 
donde la memoria está fresca y el recuerdo se tienta 

Me pregunto si los recuerdos tienen plazo
si logran quedarse lo suficiente como para invocar 
una y otra vez a esos que fuimos 
a esos que seremos siempre en este instante 

Me dijiste, hemos hecho ya algunos recuerdos 
e imagino un álbum de todos ellos 

Mi favorito es el del cielo azul y nosotros tirados en el pasto
mi favorito es tu mano palpando la mía 
como intentado guardarla en la memoria del presente  
porque parece que ha sido hoy todo el tiempo
porque el tiempo no transcurre igual cuando descubres a otro 

La memoria está fresca, el recuerdo rara vez se seca
por eso, abro el álbum cuando no estás 
La memoria está tibia y mi corazón también.


Patti Smith o la mujer a contracorriente

Hace tres semanas estuve en la Casa Azul, donde vi en una de las paredes la letra de la canción “Noguchi’s Butterflies” de Patti Smith, me gustó porque en ella percibí la historia que la casa cuenta sobre Frida Kahlo, lo que no estaba ni cerca de imaginar es que días después escucharía a la propia Patti hablar de lo honrada que se sintió al haberla visto ella misma, también en su más reciente visita a la Casa Azul.

La tarde del sábado Patti reunió a más de dos mil personas en la Casa del Lago, a quienes nos hizo corear la canción junto con ella después de haber compartido que fue el resultado de haberse encontrado con la colección de mariposas que se observan en la parte superior de la cama que pertenecía a Diego Rivera.

La panorámica de la cama de Rivera no fue lo único que inspiró a Patti, también surgió un poema llamado “Red Song” después de contemplar el trabajo del pintor en la Secretaría de Educación Pública, con ello nos confesaba la conexión tan fuerte que siente con este país pero también su gran creatividad; mientras hablaba de lo inspirada que se había sentido al visitar estos lugares, no pude evitar pensar: ¡Qué genia! de la visita a un lugar le es tan fácil escribir un poema o una canción, ya quisiera yo tener esa facilidad para escribir.
Caí en la cuenta de la gran artista que estábamos viendo en el escenario, ya que nos movía solo con sus letras, su voz y su guitarra.
México significa, me atrevo a decir, el lugar en donde ella se encuentra con otros artistas, pero también, con el recuerdo de aquellos que han sido parte importante de su vida, personas con las que compartió algún tiempo y que ya se han ido, como es el caso del dramaturgo Sam Shepard, o personas que vivieron en tiempos y lugares diferentes a los que Patti vivió pero que han dejado una huella vital en sus memorias y en su trabajo, como es el caso del escritor Roberto Bolaño. Este último fue la razón de su visita a la Casa del Lago, un lugar que el chileno solía frecuentar cuando vivió en nuestro país en los años 70 y por tanto simbólico para todos sus lectores. La presentación fue un homenaje en conjunto con la galería Kurimanzutto, donde los presentes tuvimos la oportunidad de escuchar el poema “Hecatombe" en voz del también escritor Juan Villoro, quien fuera amigo de Bolaño y a quien Patti pidió leer el poema en español. Más tarde llegó el recuerdo de Sam Shepard, Patti contó que habían planeado recorrer México juntos, lamentablemente eso no sucedió pero ella le escribió una canción y quiso interpretarla ese mismo día, también como homenaje a quien fuera su pareja en la juventud.
Mientras la escuchaba cantar me di cuenta de que Patti no solo es una leyenda musical sino también un símbolo de la resistencia y que ahí, antes que la artista se presentaba la persona, una persona que ha dedicado su vida a ir a contracorriente y que a los setenta años sigue expresando su repudio ante las injusticias e interponiendo los recuerdos a las ausencias a través de la música y la literatura, siendo firme en sus convicciones. Su manera de encarar al tiempo y a los tiranos es, ha sido y será siempre la palabra y la música, lo cual puso de manifiesto al enviar un mensaje de solidaridad a las madres y los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.
Patti cerró su presentación con “People have the power”, pidiéndonos tener presente que los mexicanos también somos resistencia y que tenemos ese poder del que habla en su canción. Espero que sus palabras retumben más allá del lugar y el momento en el que fueron dichas, que la presencia y resistencia de Patti Smith hagan eco en este lugar que significa tanto para ella.

Casa del Lago, CDMX. 02/09/17