Composición humana

Había aprendido a hablar de amor sin saber exactamente qué era, había aprendido a reconocer la miel en los cuerpos que muestran rastros de dicho amuleto.
Tenía los labios intactos, unos cuantos fantasmas y visiones que llegaban de una supuesta lucidez.
Todo eso tenía. 
-Perversos cuentos de hadas, ¿se trata de lo romántico o del romanticismo? -dijo- falacias modernas.
Más nunca supo, no sabía del todo.
Pensar siempre pensar, su condena era pensar, bajar a los infiernos y recoger los rastros que las vidas despreciadas dejaban, esencias quizá.
Sabía de la tragedia, de historias que cuelgan de un precipicio o del péndulo de un reloj,
sabía de miedos y mucho más de soledad.
Se dedica a mirar y nombrarlo todo. 
Se le habla de cómo es una tormenta pero duda si la reconocerá. 
-¿Y quién te asegura que aquello es una tormenta?, ¿Cómo sabes que lo que te empapa la piel en verdad es una gota de agua?-
No había castigo en ello, no era razón de compasión, 
sabía, bien sabía que la existencia era así. 
-Es algo que tiene que descubrirse- se le dijo.
-Composición humana- pensó.



Una fracción de hoy

Sé generoso y danza en mí
compromete tu tiempo con el mío como pertinencia
compromete tus caricias, por lo menos un desvelo
Qué me llevo si con mis dedos recorro los montes que pueblan tu cuerpo,
las columnas que la luz de medianoche iluminan en ti
Desfigura el espacio, la morada de un alma solitaria
ponle forma, dale un nombre; te llamo en mis pensamientos para que lo hagas
De qué te despojo si atraviesas límites y vienes
He soñado tu presencia, tu voz rompiendo las paredes.
No hay carencia si dejas tu olor sobre mis aberturas
No hay negación si tu boca vaga por mi cuello.
La belleza y calidez que se ocultan en ti, déjame evidenciarlas, hacerlas oda
Haz nacer tu rastro
déjalo aquí, 
para que mañana, cuando despierte
mi materia sea feliz.


Una fracción de ayer

Eterno resplandor de mis recuerdos, invocando momentos que no sucedieron.
Inagotable ficción de una memoria, construyendo escenarios que nunca habite.

Una mente llena de recuerdos que siempre aguardaron por suceder, por sucedernos.
Un recuerdo inocente que evoca una presencia no mirada, muchas veces sentida.
Las memorias esquivan los lamentos del infortunio destino de jamás suceder y se refugian en su única alegría: 
hacerte visible aunque no estés.

Los años

Me parece verlo todavía, su rostro marcado a fuego
en el horizonte
Un muchacho hermoso y valiente
Un poeta latinoamericano
Un perdedor nada preocupado por el dinero
Un hijo de las clases medias
Un lector de Rimbaud y de Oquendo de Amat
Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra
Un lector de Enrique Lihn
Un tipo que se enamora locamente
y que al cabo de dos años está solo
pero piensa que no puede ser
que es imposible no acabar reuniéndose
otra vez con ella
Un vagabundo
Un pasaporte arrugado y manoseado y un sueño
que atraviesa puestos fronterizos
hundido en el légamo de su propia pesadilla
Un trabajador de temporada
Un santo selvático
Un poeta latinoamericano lejos de los poetas
latinoamericanos
Un tipo que folla y ama y vive aventuras agradables
y desagradables cada vez más lejos
del punto de partida
Un cuerpo azotado por el viento
Un cuento o una historia que casi todos han olvidado
Un tipo obstinado probablemente de sangre india
criolla y gallega
Una estatua que a veces sueña con volver a encontrar
el amor en una hora inesperada y terrible
Un lector de poesía
Un extranjero en Europa
Un hombre que pierde el pelo y los dientes
pero no el valor
Como si el valor valiera algo
Como si el valor fuera a devolverle
aquellos lejanos días de México
la juventud perdida y el amor
(Bueno, dijo, pongamos que acepto perder México y la juventud, pero jamás el amor)

Un tipo con una extraña predisposición
a sobrevivir
Un poeta latinoamericano que al llegar la noche
se echa en su jergón y sueña
Un sueño maravilloso
que atraviesa países y años
Un sueño maravilloso
que atraviesa enfermedades y ausencias


-Roberto Bolaño
 en "La Universidad Desconocida"