El baile

Así, tú yo nos convertimos 
En sabuesos de nuestra propia memoria.
     Y recorrimos, como detectives latinoamericanos,
Las calles polvorientas del continente
Buscando al asesino.
Pero sólo encontramos 
vitrinas vacías, manifestaciones equívocas 
De la verdad.
-Roberto Bolaño 

Hoy leí al aire libre, sentada en un contenedor de refrescos Coca-Cola
el viento hizo de las hojas de las plantas y mis cabellos danza.
Sentada en el rincón más alto y apartado de la casa, conversando con Bolaño: "...esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo..."  
Lo que miras desde un tercer piso 
no se halla en la parte de abajo
Asómate a la calle y el escenario es más oscuro
Aquí las nubes moviéndose
yendo de azul a gris, haciendo lo imposible para no derramarse y acudir a la pista de las melancolías.
Un recuerdo flash de cuando estuviste aquí, de espaldas, observando las hojas de una de las plantas, 
no es real, nunca pasó.
Las hojas y el viento, las aves apurando el vuelo, 
un perro lamiendo mis manos, saltando a mi regazo.
Ya casi era el turno de la noche y la lluvia.
Y todo bailaba, yo sólo observaba
fui la pieza estática en la sala.


"La literatura y las mariposas son las pasiones más dulces de la humanidad" 
-Vladimir Nabokov 
Dibujos realizados por el mismo Nabokov, regalo a su esposa Vera.

Él no era el tipo de hombre que provocara arrebatos pasajeros, era el tipo de hombre en el que deseabas mirarte hora tras hora en la inmensidad de sus ojos, reposar en sus labios sin importar el tiempo, sin importar si en ellos llegaba el mañana; tomar su mano y poblar el silencio de aquel espacio que lo refugiaba. 
Había una frontera entre él y el mundo, una frontera que no me costaba cruzar sabiendo que mi travesía tenía como recompensa grabar su olor en mi cuerpo.

Pocas cosas nos dijimos, las mayores confidencias las hacían sus pasos por la pieza y la ventana empañada de su respiración. Su voz se regaba en la cama, en el techo de la casa y en las letras con las que regalaba sentido a una pequeña libreta; secar su llanto algunas noches llenaba el espacio con la más honda tristeza, era un niño entre mis brazos.

La soledad fue siempre su fiel compañera y por eso aprendí a convivir con ella.

Me sorprendí amándole hasta la médula, me sorprendí enamorada del muchacho taciturno con aires de otro siglo; llegué a pensar que era probable que viniera de otro tiempo. Reinventar la lluvia y los días en casa, reinventar un ave en su mirada.

El día que se fue las paredes comenzaron a desaparecer y su imagen en la ventana fue demolida mientras le confesaba
-no te olvidaré- su olor a lima, las pocas veces que vi su sonrisa. Procedí a reconstruirlo en mis recuerdos. Él no era el tipo de hombre que provocara llantos, era el tipo de hombre que causaba poemas.

Cuidado con las palabras

Cuidado con las palabras
(dijo)
tienen filo
te cortarán la lengua
cuidado
te hundirán en la cárcel
cuidado
no despertar a las palabras
acuéstate en las arenas negras
y que el mar te entierre
y que los cuervos se suiciden en tus ojos cerrados
cuídate
no tientes a los ángeles de las vocales
no atraigas frases
poemas
versos
no tienes nada que decir
nada que defender
sueña sueña que no estás aquí
que ya te has ido
que todo ha terminado

*
Como una idiota cruzando la calle
tengo miedo, me río, me saludo en el espejo
con una sábana hedionda,
me corto de raíz,
me escupo, me execro.
Como una santa acosada
por voces angélicas
me hundo en la canción de las plagas
y me vengo, me renuncio,
me silencio, me recuerdo.

*
Sumisa a la niña muda
que habla en mi nombre,
me cierro, me defiendo,
cuando las cosas,
como hordas de huecos,
vienen a mi terror.

*
Temo dejar de ser
la que nunca fui
beber en el silencio
adentro del silencio.


-Alejandra Pizarnik

Textos entre 1956-1960