Carta para Laura

Te tomé una foto cuando te quedaste dormida mientras veíamos la película de Kubrick, la quiero para cuando no estés, para que pueda mirarte y evadir el sentimiento de que olvido el lunar que tienes de lado derecho bajo la nariz, tus cejas pobladas y tus ojos que parecen abiertos mientras duermes.

Te grabé mientras me leías el capítulo final de la novela de Oscar Wilde, para no olvidar la dificultad que tienes de pronunciar la letra R, o tus largas pausas en puntos y aparte que me desesperaban cuando la historia estaba en la mejor parte.


Guardé la servilleta donde pintaste un beso ayer para probar si tu labial se había fijado bien; la quiero para ver las grietas de tus labios y acordarme cómo se sienten sobre los míos, para tener presente el sabor de tu boca, incluso cuando no es tan agradable por las mañanas.


Me tomé la libertad de llevarme uno de tus prendedores de cabello, tu favorito, por cierto. El que usas cuando te dan ganas de peinarte o cuando sólo quieres recogerlo porque te estorba, es que huele rico, huele a tu cabello; me gusta tanto como huele tu cabello, ya te lo había dicho antes, ¿no?... 


Compré un disco de la banda española que no dejas de escuchar, es para saber qué de bueno y fascinante encuentras en ellos, porque para mi siguen siendo sólo porquería. 


¡Ah! y lo olvidaba; ya tengo los boletos para el concierto, estaremos en la pista y ya lo tengo bien planeado, buscaremos la mejor vista, sé cuánto has esperado el momento.


P.D. No, no me estoy enamorando de ti. Te compraré otro prendedor mañana, te llevo el disco la próxima semana.


Víctor

Extraviar un poema

Anoche soñé que escribía un poema, 
me sentaba y lo hacía con tanta claridad, 
las palabras y los versos tenían vida propia, 
venían a mí sólo para usarme como medio para existir.

Al despertar no recordé nada, 
ni un fragmento o alguna frase en la memoria, 
no tenía nada.

Esos poemas que uno ya no puede recordar, 
esos poemas que si existen pero que ya no están, 
¿A dónde van a parar?

Los signos del mundo

Monotonía ininterrumpida, 
antítesis de una pronunciación,
saciedad no saciable,
marabunta de bestias. 

Intuición no nombrada,
inmunidad de los desolados,
desmemoria de los inocentes,
funeral de niños y mujeres.

La pena de muerte para un hombre triste,
las palabras entre lineas jamás vistas,
la pupila dilatada, el ceño fruncido, 
la boca callada. 

El retrato y el nombre del desaparecido, 
la voz del cantante,
el baile repentino, la función de cine,
el hambre del mendigo
y el hambre del opulento.

El pozo negro sobre las aguas,
la caída de un muro,
una balsa vacía que navega a la deriva, 
las psiques, las filias, los trastornos y
los miedos.

El llanto o la risa sin control,
la orilla de un acantilado,
el grosor de la ignorancia,
el cansancio y la protesta,
la conciencia y la lucha eterna.
La enfermedad y la cura.

El grito que jamás será detenido,
los cuerpos apartados, mutilados, desamparados 
y jamás olvidados,
las armas, la guerra y la naturaleza muerta, 
el cambio y la permanencia.

Lo que nace y crece, 
la música y las ideas, 
el pensamiento y la invención. 
El tiempo que se fue y el tiempo que aún no viene.

La libertad, la esclavitud, el presente y la nada, 
la espera y la esperanza,
la revolución y unos dedos que se aferran a la palabra "creer".


Escondite

Hacerme un lugarcito en las pupilas de un lobo,
hacerme un rinconcito en el botón de una flor.

Un espacio pequeñito en el carro de juguete, 

o hacerme guarida en el peldaño del puente.

Dejar sólo un renglón para mi a la mitad de la hoja, 

o en las palabras que no significan gran cosa.

Hacerme sitio en el álbum de recuerdos del olvidado,

o en el ruido que aún nadie ha hecho y escuchado.

Hacerme lugar en los colores de una mariposa,
o un espacio en alguna lágrima de la niña que llora.

Hacerme un campito en la escena 

favorita de la película favorita,
o en la banquita del parque junto a la paloma 
con el ala rota.

En lo intangible, lo inefable, 

en lo inconsolable y lo irremediable.

Hacerme un lugarcito en las cosas que no se van ni con los años, 

ni con el tiempo, ni con el olvido o la muerte.

Donde no se busque y tampoco se encuentre; 

donde no estar a la vista también sea existir.