"¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero ¿no es quizá eso, exactamente, socráticamente, lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes. […] Quizá, por eso, la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan.

¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales."

-Gabriel Zaid, Los Demasiados libros, Editorial DEBOLSILLO

Busco a la mujer

Busco a una mujer.
Ella tiene mariposas en la mirada y ciruelas en las caderas. 
En sus piernas hay un pequeño mono que danza cuando camina; 
no importa si anda lento o aprisa.
Cuando la toco por el hombro o la cintura, 
las manos se me llenan de carmín que no consigo quitar en dos o tres días.

A la mujer que busco las penas se le asoman por la punta de los cabellos, 

la reconozco porque su sonrisa tiene la forma de un espiral 
y sus labios saben a almendra y tierra seca.

Cuando habla me empiezan a brotar un par de aves por la lengua, 

y el estómago se me inflama cada vez que repite la palabra "nosotros". 
Su timbre es el Moonlight de Beethoven, 
su voz tiene los colores
de una pintura de Van Gogh.

No sabe bailar, dice que tiene dos pies izquierdos. 
Su pasatiempo favorito es coleccionar hojas sueltas,
hojas perdidas de libros que encuentra en la basura de una vieja biblioteca. 
Se arma historias que no tienen ni pies ni cabeza, 
pero cuando las lee, te convence de que son ciertas:
Un  hombre murió de rabia y al día siguiente resucitó 
por un cordón de zapatos que le ataron al corazón.
Un barco zarpó a la mitad de China y la población
 lo usó para bailar el día en que llegó el año del dragón.

Busco a la mujer con ojos de planeta,

 la que guarda tulipanes en la cabeza. 
Se ha ido; no viene, la he esperado y está tardando;
yo la quisiera a mi lado.

Frida Kahlo


El ejercicio de desfallecer,
desfallecer de madrugada tendida en una cama helada,
llena de altares demenciales y memorias alabantes.
Material para el amor sin cuerpo, el cielo sin aves,
la avenida sin señales.
Inventar un signo o recordar alguno.

Malabares de extrañeza,
la figura que no pesa pero tampoco cesa.
Reparase y agrietarse, agrietarse y repararse;
para convertirse y reconvertirse,
como la tierra sin lluvia y más tarde con ella.

Me asegura el eco que la cordura no elimina la demencia, 
que la ausencia es la presencia,
y diviso la tierra en donde no siembran pesares,
del pueblo que huele a café de hoya

y reparte cantos de arrabales.
Y hay tumbas llenas de ceremonias, 
de donde aspiro el incienso de nueva brasa, 
de donde cojo las flores que llevo a casa.

Día de muertos

Lo que más me gusta hoy
es la flor de cempasúchil,
el potente aroma a incienso,
la presencia del ausente.



What I most like today
is the cempasúchil flower,
the powerful scent to incense,
the presence of the absent.