Te pronuncio ahora, te pronuncio aquí y a deshoras; porque tienes la medida de silencio en la cual mis pensamientos viajan a reposar, aprovecho que posees la raíz de mi deseo el cual no logro desentrañar. Cuánto me conmueve imaginar que te integras templadamente a mi cuerpo; enorme y sublime enigma de lo inefable.

Tus manos, tus inusuales manos de hombre taciturno; cuántas visiones obtengo del recuerdo de tus esplendorosas manos; me atrevo a decir que le ajustan de manera impecable a las mías; como si fuesen rompecabezas.

Aquí y a deshoras, me pregunto si algún día mis ojos dilatados de delirio te volverán a mirar.
No hay duda, a mi corazón lo habitan las contrariedades más inimaginables; tanto así, que estoy segura de que si es verdad que hay cierta porción de miseria en cada cuerpo; en mí yace la parte más grande, lo más jodido del sentimiento brota de mí.

Distancia



La distancia suele ser una consejera trastornarte. A veces suele decirme que te olvide, que más me valiera enterrarte que sufrirte; y otras tantas me dice que tengo suerte de saberte.

Tú: el extraño cuyo poder hace emerger tanto de mí, como si mis alegrías, preocupaciones, sueños y tristezas descansaran en ti, en tú regazo, en tus palabras.

La distancia es esa indescifrable maníaca que nos unió; y es también la maquiavélica sentencia constante de olvido, del continuo seguimiento de mi vida en la que a falta de tú cuerpo, hallo tú esencia.

La distancia es este punto, en el aquí y ahora donde te encuentro, donde me faltas, donde nunca has estado.

La distancia es la malicia que condena mi cordura, envolviéndome de duda, de paranoia; de perturbados porqués para seguir queriéndote, de malvadas razones para soltarte de mis pensamientos. Es ese punto donde quiero sentirte pero no estás; y es también el punto donde puedo desvanecerte: Un arrojo al vacío de ti.

Es aquello que me permite saberte aquí; donde existe la posibilidad de que todos los deseos nazcan; donde me habitas fuerte y silenciosamente en atemporalidad.

La distancia, la distancia, la inquebrantable distancia:
Una fuerza cuya locura consiste en unir dos cuerpos que saben reconocerse, aunque jamás se hayan tocado.
Este viaje que es la vida, 
me llevo en sus mares a toparme contigo,
a encontrarnos o tal vez reencontrarnos; 
lo hemos hecho con el alma, 
algún día, lo sé, 
lo haremos con el cuerpo.