Final

En tú ausencia, me ocurre la locura: 
Los recuerdos me atacan, 
los actos se sumergen en la piel, el ruido de mis errores 
y el tiempo… 

el tiempo marcando una línea punteada 
hacia el final de un sentimiento. 
Porque todo es efímero, recuerdo haberte dicho una vez.

Tierra de extranjeros




He tenido una idea sobre lo que tendría que desaparecer sin dejar huella, como si de repente me pareciera tener el tiempo escaso para decirlo.

He pensado en desterrar la indiferencia, en encontrar el modo de desenredarnos de tan corrosiva maraña que nos mantiene en este espacio entre cómodos y habituales ritos de ignorar al otro, de ignorarlo todo. Éste creciente terreno de inanidad, trae a cuestas tierras de autodisolvencia.

Encerrarse en una propia burbuja que pareciera indestructible, dejar ganar la batalla a la pasividad enfermiza de los actos y del cuerpo mismo. Enfermarse y corromperse del sin-sentido.
Qué quedará de nosotros, sino el polvo que el mismo viento se llevará sin destino alguno, qué nos espera con tan despiadado reinado implantado por la superficialidad de lo cotidiano que revuelca el sentido de lo humano en fangos de miseria colectiva.

Vivir como extranjeros es ya suficiente, sentenciarse al desierto de lo inerte es, la propia muerte.
Nos preguntamos dónde está el nihilismo, ¿Qué no es claro que lo cargamos a cuestas provocándonos jorobas hechas de tiempo muerto? , ¿Qué no es claro que respira en cada poro de cada cuerpo?

Ojalá que la conciencia nos libere de tan terrible mal, ojalá que la vida no termine cristalizada por tremenda plasticidad.

Tal vez resulte que si tengamos poco tiempo, tal vez mañana ya no sepamos significar el sentir, el conversar, el intentar, el defender, el pensar… la propia libertad. Tal vez mañana nos gane la insensibilidad, tal vez este mismo día, nos coman los gusanos.

Vivre

Planear los días, hacer esto y aquello, crecer, querer, conocer, saber… ordenar.

Actividades que, hay quienes siguen como la cotidianidad de sus días, tal como beber agua o dar los buenos días. Aunque por otro lado, siendo lo opuesto, (y haciendo acto de presencia como hacen las cosas opuestas e indescifrables que vale la pena sean como tal, porque de modo contrario serían idénticas a su inversa) hay quienes no conocen tales tareas, quienes no necesitan de ellas, quienes no las nombran porque no saben si eso en verdad puede hacerse.

Quiero decir, que existe también quien no puede pensar en el bien o mal, correcto-incorrecto, fácil-difícil, 
servible-inservible para habitar los días : Tan sólo considera sentir, caminar, vivir. Le basta saber, está en el mundo.

Hay para quien es indispensable aquello que para alguien más, es desorden. Hay quien gusta de empezar por el final y terminar por el principio, hay quien simplemente no puede enojarse porque dejaría de parecerse a sí mismo, quien decide no revelar sus sentimientos más profundos, tal vez por miedo a que se le escurran del corazón, hay quien al llegar a casa, no cuenta lo que le ha ocurrido durante el día, sólo porque no lo considera más importante que justo lo que ha hecho, llegar a su refugio.

Hay quien no dice un te quiero o un te amo por conciderarlas frases vacías de tanto ser repetidas. Hay quien reproduce cientos de veces las misma canción porque le parece, es lo más bonito que ha escuchado o es lo más especial que pudo haber hallado. Hay quien decide ceder a la lluvia y caminar bajo ella sin buscar desesperadamente un refugio para evitarla, quien espera tan sólo tener aliento al día siguiente para dejar que el deseo en sí mismo, lo conduzca en el andar.

Hay así, quien es el raro, el extraño, el callado, el aislado, el misterioso… palabras de media tinta inventadas por quienes saben ordenar su vida para poder nombrar, según ellos, a los que no. Hay quienes por la linea recta se van para el camino, y quienes del camino, desconocen si hay.

Pero qué le vamos hacer, hay quien de la vida enferma y quien la vida, ve enferma.

Viaje

Cuando se inicia un viaje se espera conocer y recorrer lugares,
admirar paisajes, 
conocer costumbres, 
acumular memorias…

Yo, de este viaje, no espero nada, 
parto con la firmeza del paso y con la esperanza de tatuarlo en el andar, 
sin más ni más, sin destino en el cual descansar.

Iniciar para no terminar, 
a menos que la existencia se rehúse a seguir o las manos a escribir.