Mañana tendré otra edad
sumo un número a la cuenta de mis años
y la totalidad de la que soy se expresará
en otras emociones y panoramas

Dormiré y mañana seré la del tiempo del que hablo hoy 
basta con quedarme quieta por un rato y el cambio sucederá
Parecerá que nada ha pasado, que todo está en su lugar:
la misma lentitud con la que me levanto de la cama
la misma prisa para vestirme y empezar el día
las mismas líneas de expresión
y las mismas ganas de que la vida no me ahogue
sin antes haberme ahogado yo en ella

Mañana tendré otra edad
pero me quedarán algunas alegrías y dolores
heredados de las horas que me abandonan y no volveré a habitar jamás,
seguirán conmigo algunas esperanzas y amores para seguir floreciendo
y quizás vengan otros, a quienes desde ya nombro y hago lugar

Mañana tendré otra edad y la reconoceré a lo largo y ancho de mi cuerpo
estará en mis ojos, mis manos y mi espalda
en las cosas que aún no sé y en la voz de alguien más
Tendré otra edad y aguardaré en ella hasta que llegue el momento
de despedirla como a la que pronto se va
otros años vendrán a buscarme y no encontrarán a la que seré mañana

Por un tiempo indefinido, de manera diferente y por ahora irreconocible,
esto que escribo volverá a pasar: mañana tendré otra edad.



Declaración

Ahora 
         soy 
              aquí
quien no está siendo en algún otro lugar, 
y de ese lado crece la posibilidad de mi que no siembro aquí, 
como las palabras que alguien me dijo y nunca oí,

pero siempre 
                   invariablemente
sin que mi piel conozca 
de tiempo y espacio 
me erizo al contacto con el placer y el terror

¿De qué motivos estoy hecha?
¿De qué fracciones y memorias?
¿Qué olvidos me atraviesan?

Ahora 
         aquí,
                soy, 
más no seré sino murmullo cuando el futuro venga,
si es posible que exista,
y si es que sabe llegar

Ahora soy,
               aquí 
la incesante pregunta, 
la eterna promesa del habitante a la casa vacía,
todas las guerras pariendo a mis hijas, 
las contrariedades
y todas las alegrías tallando 
las palpitaciones de mi corazón,
soy mi pecho oprimido y mis pulmones queriendo saltar

Soy,
    ahora,
las horas que me quedan
y una idea ridicula de la eternidad

¿A dónde voy y con quién seré?
A dónde acudirá mi existencia 
sino a los brazos de lo que no sabe que estoy por llegar. 

Kuhn, Erika. Tomada de: https://obraerikakuhn.blogspot.com/

Diatriba

Que se pudran todos aquellos que nos olvidaron 
que se les seque la existencia y no la puedan volver a humedecer 
en cualquier lado, con cualquier gente

Que no tengan paz mientras la miseria recorra los vagones del metro 
y las calles se llenen de techos improvisados

Que les pesen las horas con cada obrero 
que tenga que serlo 24x24
y con cada mujer que maquile o limpie 
con las manos llenas de callos y la existencia agotada 

Que no estén a salvo de las memorias que duelen a tantos,
que los acorrale el duelo por todas las hijas y hermanos que no están

Que se pudran aquellos que se olvidaron del dolor ajeno
y se ensimismaron en su mundo como si no hubiera otros mundos
Quienes desperdigaron el tiempo pensando 
en que ya no había nada que hacer
Que se queden cual herida abierta 
cuando omitan nombres y rostros 

Que se pudran por haber olvidado lo que es buscar cinco pesos en los bolsillos del pantalón para poder viajar en el metro y encontrar escrito en algún vagón:
QUE SE PUDRAN TODOS AQUELLOS QUE NOS OLVIDARON.

Que se pudran y un día renazcan 
con otros ojos, 
con otras manos,
con la conciencia intacta, 
que ya no olviden que olvidan,
que la memoria los mantenga a todos con vida.



Trovatten, F. (2018) The Mexico City Subway. [Fotografías]. Tomadas de: https://trovatten.com/

Bajar armas

A qué hemos llamado distancia si yo sigo contigo y tu sigues aquí, 
qué fue separar los caminos 
si hay huellas del uno y del otro en los lugares donde andamos,
en el paso que damos esperando que sea asunto del polvo y el silencio

Yo me acuerdo de tus manos y tus piernas como del otoño que está por venir,
mis recuerdos son como si el futuro, no como si el pasado 
y entonces no descanso, no concibo suspensión ni abandono,
cuál ha sido la conclusión si yo solo cubrí todo y tú te ocultaste

Han cantado en uno de los lugares donde alguna vez vivimos
han invocando a los que fuimos 
como conjurando un ritual de presencias 
Éramos
y seguimos siendo,
no ha habido muerte ni tumbas 

Levitamos en el tiempo como huérfanos de lo que no dimos
parados en el borde de un vacío al que no caímos,
pirómanos cobardes 
dónde están los restos si ni siquiera sabemos del incendio.



Granizo

Te saca de tus casillas porque puede hacerlo, te muestra algo más que tu pobre cotidianidad.

No es un milagro ni el castigo de algún dios, tampoco el resultado de bailar con intensidad para que Tláloc venga, nadie lo ha llamado y sin embargo está aquí, pero no viene porque quiera ser mirado, ni siquiera se lo ha propuesto. No hace acto de presencia para que alguien le reconozca, sin embargo, tú lo hiciste y lo haces; como todo en un inicio: 

Lo miraste y el asombro te inundó, tuviste la necesidad de preguntarte por él, de explicarlo y nombrarlo -es granizo- dijiste, y así justificaste la aparición de la tormenta, de algo sólido que cae del cielo y desaparece en el suelo en forma líquida. Va a granizar, está granizando, ya granizó: lo convertiste en un acto y un verbo conjugado con la intención de darle forma de lugar común, como todo lo demás.

Pero intenta usar tu automóvil cuando el granizo cae con más intensidad y toma la calle, intenta colocar tu ropa recién lavada en el tendedero, salir a la calle sin que te golpee el cuerpo y te haga consciente de su presencia… y dentro de algún lugar, ¿puedes seguir tu rutina sin escucharlo o verlo?

Empieza golpeando tus ventanas, haciendo resonar el techo de la casa; pequeñas bolas de hielo que caen una tras otra coloreando de blanco todo lo que encuentran y si les pones atención, revelan ritmo en su caída, una canción y una danza que suceden a pesar de ti y de tus ocupaciones, de las calles y los edificios, de los relojes y el tiempo. Es mejor que dejes que te empapen de cualquier manera.

Fíjate bien, ya te robaron la atención, tomaron tu mirada aunque fuese por un momento, ya no estás en lo que hacías o decías, o por lo menos, no puedes estarlo del todo. Mira cómo los granizos caen, duran tan poco ¿no es así?, cuán corta es su presencia, pero también, es verdad, cuántos recuerdos pueden construir o evocar. 

Ya acabó la tormenta, ya se termina el granizo y dejas de admirarlo, ¿te das cuenta? 
Cuando se va se acaba el espectáculo, todo vuelve a los colores conocidos y las personas a las actividades que pueden hacerse cuando no graniza. Regresa a lo que hacías, regresa ya a lo que estabas, el granizo ya se fue.



Álbum de recuerdos

Me dijiste, eres un recuerdo 
uno de hoy o de hace un tiempo, tal vez los dos a la vez
Me dijiste que te gustaría estirar el tiempo
y que nos escondiéramos ahí 
donde la memoria está fresca y el recuerdo se tienta 

Me pregunto si los recuerdos tienen plazo
si logran quedarse lo suficiente como para invocar 
una y otra vez a esos que fuimos 
a esos que seremos siempre en este instante 

Me dijiste, hemos hecho ya algunos recuerdos 
e imagino un álbum de todos ellos 

Mi favorito es el del cielo azul y nosotros tirados en el pasto
mi favorito es tu mano palpando la mía 
como intentado guardarla en la memoria del presente  
porque parece que ha sido hoy todo el tiempo
porque el tiempo no transcurre igual cuando descubres a otro 

La memoria está fresca, el recuerdo rara vez se seca
por eso, abro el álbum cuando no estás 
La memoria está tibia y mi corazón también.


Patti Smith o la mujer a contracorriente

Hace tres semanas estuve en la Casa Azul, donde vi en una de las paredes la letra de la canción “Noguchi’s Butterflies” de Patti Smith, me gustó porque en ella percibí la historia que la casa cuenta sobre Frida Kahlo, lo que no estaba ni cerca de imaginar es que días después escucharía a la propia Patti hablar de lo honrada que se sintió al haberla visto ella misma, también en su más reciente visita a la Casa Azul.

La tarde del sábado Patti reunió a más de dos mil personas en la Casa del Lago, a quienes nos hizo corear la canción junto con ella después de haber compartido que fue el resultado de haberse encontrado con la colección de mariposas que se observan en la parte superior de la cama que pertenecía a Diego Rivera.

La panorámica de la cama de Rivera no fue lo único que inspiró a Patti, también surgió un poema llamado “Red Song” después de contemplar el trabajo del pintor en la Secretaría de Educación Pública, con ello nos confesaba la conexión tan fuerte que siente con este país pero también su gran creatividad; mientras hablaba de lo inspirada que se había sentido al visitar estos lugares, no pude evitar pensar: ¡Qué genia! de la visita a un lugar le es tan fácil escribir un poema o una canción, ya quisiera yo tener esa facilidad para escribir.
Caí en la cuenta de la gran artista que estábamos viendo en el escenario, ya que nos movía solo con sus letras, su voz y su guitarra.
México significa, me atrevo a decir, el lugar en donde ella se encuentra con otros artistas, pero también, con el recuerdo de aquellos que han sido parte importante de su vida, personas con las que compartió algún tiempo y que ya se han ido, como es el caso del dramaturgo Sam Shepard, o personas que vivieron en tiempos y lugares diferentes a los que Patti vivió pero que han dejado una huella vital en sus memorias y en su trabajo, como es el caso del escritor Roberto Bolaño. Este último fue la razón de su visita a la Casa del Lago, un lugar que el chileno solía frecuentar cuando vivió en nuestro país en los años 70 y por tanto simbólico para todos sus lectores. La presentación fue un homenaje en conjunto con la galería Kurimanzutto, donde los presentes tuvimos la oportunidad de escuchar el poema “Hecatombe" en voz del también escritor Juan Villoro, quien fuera amigo de Bolaño y a quien Patti pidió leer el poema en español. Más tarde llegó el recuerdo de Sam Shepard, Patti contó que habían planeado recorrer México juntos, lamentablemente eso no sucedió pero ella le escribió una canción y quiso interpretarla ese mismo día, también como homenaje a quien fuera su pareja en la juventud.
Mientras la escuchaba cantar me di cuenta de que Patti no solo es una leyenda musical sino también un símbolo de la resistencia y que ahí, antes que la artista se presentaba la persona, una persona que ha dedicado su vida a ir a contracorriente y que a los setenta años sigue expresando su repudio ante las injusticias e interponiendo los recuerdos a las ausencias a través de la música y la literatura, siendo firme en sus convicciones. Su manera de encarar al tiempo y a los tiranos es, ha sido y será siempre la palabra y la música, lo cual puso de manifiesto al enviar un mensaje de solidaridad a las madres y los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.
Patti cerró su presentación con “People have the power”, pidiéndonos tener presente que los mexicanos también somos resistencia y que tenemos ese poder del que habla en su canción. Espero que sus palabras retumben más allá del lugar y el momento en el que fueron dichas, que la presencia y resistencia de Patti Smith hagan eco en este lugar que significa tanto para ella.

Casa del Lago, CDMX. 02/09/17


En el nombre de los recuerdos




A Juan Rulfo


Higinio lleva dos semanas desmemoriado, no se acuerda quién es y porqué está aquí con nosotros. Hay días en los que se le olvida cómo hacer la siembra, le tenemos que ayudar del diario pa´que el patrón no lo corra o le pague menos, le tenemos que ayudar porque tiene mujer e hijos. Mi papá y yo tenemos a mi mamá y a mis hermanas, nosotros somos dos aquí trabajando fuerte pa´mandarles el dinero y que coman, aunque también son dos los años que no las vemos, desde que yo tenía 8 y era un poco más chamaco. A veces me da miedo que se me vayan a olvidar sus caras y sus voces, que ya ni sepa cómo son. No sé cuándo habrá que irse de aquí pero por mientras, aquí nos quedamos, así dice mi papá.

Nadie sabe bien qué le pasó al Higinio, unos dicen que esa noche se topó con las ánimas que andan rondando estas tierras y les roban el alma a los cristianos que se encuentran, que a él le perdonaron la vida pero lo dejaron sin recuerdos, sepa porqué. Otros dicen que nomás fue que se pegó en la cabeza porque se cayó de borracho, la verdad no sabemos y él no nos sabe decir, lo único que se hizo fue ponerle alcohol en la herida y limpiarle la sangre. Dice mi papá que aunque todos los jornaleros nos hubiéramos cooperado pa´pagar el doctor no nos hubiera alcanzado, además que aquí ni hay de esos matasanos cerca. Cuando yo me enfermé de la panza el patrón le dijo a mi papá que no había cómo hacerle, que él no cubría gastos de salud y que además era nuestra culpa por andarnos tomando el agua puerca del arroyo... puerca, como la conciencia del patrón, así dijo mi papá.

Y es que aquí no hay otra agua que nos podamos tomar sin que se la cobren a uno, no hay nada que no se pague, ni siquiera la tantita calma que buscamos cuando no estamos trabajando, nos cobran hasta el rato que uno busca pa´olvidarse de que al otro día tiene que levantarse temprano a seguir la siembra de chiles y pepinos, porque es todo lo que crece aquí junto con la tristeza y los recuerdos, eso dice mi papá, que en este lugar lo que enraíza es la tristeza, los recuerdos y de a veces el coraje. 

Para estar poquito contento, uno tiene que acostarse en su lugar dentro de la casa y aunque haya mucho lodo, olvidarse y mirar el techo imaginándose cosas bonitas, cosas como que uno puede jugar donde sea sin que lo regañen, que uno tiene una cobija grandota y que su mamá lo abraza; eso hago yo porque no tengo de otra. Ya me hubiera yo cansado de correr con los demás niños por todo el terreno pero al patrón no le gustan nuestros gritos y nos cobra si encuentra algo pisoteado o quebrado.

La vez que estuve más contento fue el día que cumplí los 10 años, nos fue rete bien con la comida y hasta música hubo, nos reímos todos, bueno, todos menos el Higino que ya estaba en su cancha descansando la cabeza porque la noche antes fue que lo desmemoriaron.

Me acuerdo que esa noche el frío arreció como nunca, se me congelaron toditos los huesos, hasta ni sentía la carne, lo único que me andaba recorriendo todo el cuerpo era el miedo, anduve pensando que qué tal que a lo mejor el lodo, de tanto que ya había adentro de la casa, me tragaba completito cuando todos estuvieran bien dormidos y nadie se daba cuenta, qué tal que cuando mi papá despertara ya no me hallaba y se olvidaba de mí; así anduve piense y piense toda la noche:

-Papá, pá, apá- susurré quedito pa´que no me escucharan los otros, lo sacudí recio pa´que se despertara rápido.

-Eh, ¿qué quieres, chamaco? duérmete ya, ¡ándale!

-Tengo frío... oye, si nosotros nos vamos de aquí, si nos desaparecemos o nos morimos, ¿quién nos va a recordar?

-¿Cómo? ¿Morirnos dices? no nos vamos a morir, no seas tarugo. Además, no por nada somos dos, si yo me muriera para eso estás tú, pa´que me recuerdes, y si tú... que dios no lo va a permitir, yo te recordaría siempre, pero ya está bueno... ¡ni de broma lo digas, pues! quítate esas mensadas de la cabeza y ya acuéstate que nos va a agarrar la mañana aquí, ándale.

Mi papá se volteó y se tapó la cara con un cartón, yo me volví a acostar pero todavía tenía como una temblorina bien agarrada al cuero, cerré los ojos y me repegué más a él pa´ver si así, después de un ratito ya se iba el miedo y de paso el frío. Tal vez fueron los recuerdos, que querían apretarse conmigo pa´que nunca los soltara, que me andaban pide y pide que no los dejara.

Ese día en la mañana nos habíamos levantado tempranito a darle a la siembra, me quería apurar porque Higinio me dijo que me iba a dar un regalo por mi cumpleaños, uno que era de parte de él y de mi papá. Cuando terminamos la jornada, se fue hecho la mocha al pueblo pa´traerlo, antes de irse me dijo: -Andate listo pa´recibirlo mañana- y me dieron más ansias de saber qué era. Después de eso no lo volvimos a ver hasta en la noche, mi papá y yo apenas si empezábamos a pegar el ojo de nuevo cuando escuchamos ruidos afuera, era el señor Pedro que lo traía casi arrastrando y con su chipote en la cabeza, nos dijo que se lo encontró tirado en medio del camino junto a una botellita de tequila que ya estaba toda regada en el suelo, que también había un carrito y una playera nueva, luegito supe que esos dos eran mis regalos.

El señor Pedro le dijo a mi papá que también vio pisadas del caballo del patrón, que estaba enojado porque el Higinio ya le debía mucho dinero de las cosas que se llevaba de la tienda y no podía terminar de pagar nada, que todo su trabajo del mes no le iba a alcanzar pa´terminar de saldar la cuenta. Le dijo a mi papá que el patrón también andaba por ahí, por donde el Higinio y que se hicieron de palabras. Sepa qué fue pero al otro día el patrón nos mandó unos pollos rostizados y la música pa´festejar mi cumpleaños, fui rete feliz.

Mi papá dijo que al patrón lo rondó la culpa y que nosotros no podemos decir nada, que hay cosas que se tienen que callar, hacer como que no las sabemos pa´que no nos vaya más mal, que a veces el infierno es más profundo cuando el diablo tiene cola que le pisen, eso dijo mi papá. Yo no le entendí pero creo que ese día siempre lo voy a tener bien fresco en la cabeza. 

Extraño rete harto que el Higino me diga que le recuerdo a su hijo el mayor, extraño que me diga: ¡Cómo te me figuras a mi niño, tú Salvador! y que me traiga dulces de la tienda. Ojalá ya se ponga bueno y se acuerde de todo, ojalá que ya a ninguno nos vuelvan a desmemoriar, que no nos quiten los recuerdos porque es lo único que tenemos.



De las despedidas

Fue un año insípido y en general trágico. Con tantas despedidas, tantas cosas sin funcionar (no sé si más o igual que en años anteriores), tantas muertes e impotencia por las mismas, la mayoría de ellas las produjo la guerra y esa inmensa mayoría de personas no fue nombrada más que en una dudosa cifra. La minoría (que no por ello menos importante) se debió a la edad, a las enfermedades y los accidentes; fue la muerte de los rostros conocidos, que al contrario de la mayoría que se llevó la guerra, se lamentó por millones en el mundo. Total paradoja, una mayoría siendo apenas vista por el mundo y una minoría siendo nombrada por todos, digo paradoja y no extrañeza porque eso pasa siempre, no sólo con las muertes. No quiero decir que no haya habido nada de esto antes pero en este año me pareció más acentuado.

Digo esto porque a fin de cuentas, la muerte también es un final pero lo que me interesa ahora es hablar de las despedidas, decir de ellas como lo último a ocurrir aprovechando que estamos en un final y además conocido por todos, es uno al que siempre volvemos los que tenemos la oportunidad de hacerlo o más bien el privilegio.

La palabra despedida viene del latín expetere que significa arrojar algo hacia afuera, apartar, dejar marchar. Siendo entonces varias cosas a la vez, una despedida no puede significar lo mismo cuando apartamos algo o a alguien que cuando se va por sí mismo o lo dejamos irse porque hay diferentes experiencias y sentimientos de por medio, por eso es que para todos la palabra tiene un significado diferente, lo que sí es igual en todo caso, me atrevo a decir, es que este acontecimiento cuesta trabajo, es difícil desprenderse para bien o para mal y tener presente que no hay nada que no termine, que no vaya a pasar y se convierta en recuerdo o en olvido.

Despedirse es marcharse o ver marchar, mirar algo o alguien por última vez antes de que regrese o no volverle a ver jamás. Es algo que tiene que vivirse con la misma intensidad con que se vive lo nuevo y lo desconocido porque la vida está plagada de ello, forma parte de, y por más incomprensible que llegue a ser uno no podría saber nunca qué habrá después de decir adiós.

Yo creo que hubo y habrá despedidas que nunca vamos a querer que lleguen pese a que sabemos que lo harán y despedidas que celebraremos, como la de hoy, la del año que hace 365 días era nuevo y ahora, después de ese tiempo se ha vuelto viejo, un viejo que tal vez no nos deja tantas experiencias buenas pero que está y estuvo para poner cercanía entre el final y el comienzo de otra cuenta de los días. 

El año que se va no será un año que extrañe, es uno del que me despido esperando que el que viene haya despedidas más gratas. 

Que haya para todos mejores despedidas y mejores comienzos el año que viene.

Concurso #114 de "Las historias"

En diciembre me decidí a participar en uno de los concursos de microrrelato que el escritor Alberto Chimal lanza cada mes a través de su sitio web y obtuve un resultado no esperado. El 2016 me trajo noticias del 2015: Por primera vez en la vida, ganas algo.

Concurso 114                                 





La visita de Avelina


A la memoria de Juana Benítez
 
Tengo bien fresco en la mente el día en que mi Avelina se fue, aquel día sentí que me dejaban venir contra el cuerpo un machete que me cortaba en pedacitos y para mantenerlos frescos fui a hacérmelos arder en pulque y mezcal, me ahogué en la pena hasta que sentí que se hacía una costra dentro mío, una que aquí sigue, aquí la he sentido todititos los días desde que se me murió. 

Avelina tenía días quéjese y quéjese de dolores en el estómago, se había tomado algunos menjurjes que le dio la curandera del pueblo pero no le hicieron efecto, mejor me la llevé con el doctor el día en que se agravó y no pudo levantarse de la cama; ella estaba sin moverse, con la mirada perdida hacia el techo y sudando frío, la cargué como pude y la subí al burro. Me dio escalofríos tan sólo de pensar en el viaje que nos esperaba, desde aquí, en Copala, hay que andar cerca de cinco horas para poder llegar a la zona donde el doctor, en estos lugares nos sanamos con remedios y hierbas pero a ella eso ya no le servía.

Su hermana Justina salió corriendo de su jacal cuando la vio como desmayada y me pidió que la dejara acompañarme, anduvimos pues cerca de dos horas lo más a prisa que se podía, hacía un viento muy fuerte, levantaba el polvo y no nos dejaba ver bien el camino, que para tan entrada la madrugada como estaba, no había rastro alguno de gente, sólo nos acompañaba la negrura de la noche y el ruido del aire chocando con todo a su paso. Yo sentía como que una cosa maligna nos seguía, le arrebataba la vida de poquito en poquito a mi Avelina, y me asusté. 

Justina iba trepada en el burro abrazando fuertemente a Avelina, había pasado ya un buen rato desde que la oímos lanzar un quejido y cuando ella se dio cuenta, me dijo- Detente poquito, la quiero tentar.
Nos orillamos hacia una piedra grande atajándonos de la polvadera y ahí Justina extendió su rebozo para taparla, el calor se escapaba del cuerpo de Avelina y yo en ese momento quería que me salieran alas para poder llevarla cargando, quería con todas mis fuerzas que estuviéramos con el doctor en un santiamén. Me puse cerquita de ella para mirarla y le acaricié la cara, ella hizo muchos esfuerzos por abrir los ojos hasta que lo logró, me miró bien fijo con esos enormes candiles que tenía y supe que quería decirme algo, trató de acercarme con su mano y una vez mi oreja estuvo pegada a su boca, me murmuró algo que no entendí, estaba muy débil como para poder siquiera pronunciar palabra, hizo el esfuerzo por volver a decírmelo pero la detuve, no quería que se fatigara más. 

Entonces Justina la cubrió rápidamente mientras me decía:
-¡Hilario, apúrate, apúrate que se nos enfría!- le tocó la cara con sus manos como reconociéndola, como grabándosela en los dedos. Buscando una señal de vida, se pegó a su pecho y la zarandeo fuerte, aferrándose al cuerpo como si fuera una extremidad que habían cortado del suyo; la tocaba como si con sus manos buscara pasarle vida, como si aquello pudiera lograr que se moviera, que volviera a escuchar su nombre de esos labios que tomaban un color morado más intenso con el paso de las horas. 

Ya no podía ser de otra forma, una hora después Avelina se nos había ido, se había fugado al lugar al que nos habíamos prometido ir juntos, o uno seguido del otro sin tanto tiempo de distancia. No nos quedó más que regresar al pueblo y darle cristiana sepultura en el terreno de sus abuelos, un lugar lleno de girasoles que parecen miles de soles haciendo la danza del viento. Justina dice que le recuerdan a las dos cuando chiquillas corriendo tras las lagartijas y arreando los borregos, es una tierra que desde antes de que nacieran les fue prometida en herencia y que ahora, como estaba previsto ya desde ese entonces, le pertenece a Avelina por el hecho de habitar allí por siempre su recuerdo.

Durante meses no pude dejar de llorarla, se me llegó a figurar que aquel dolor era también ella, era su presencia viva en la mía y una forma de tenerla conmigo. 

Esperé el 2 de noviembre como pocas cosas he querido esperar desde que tengo memoria, el pueblo entero se viste de fiesta y de muchos olores, hay recuerdos que salen cada año trayendo consigo a aquellos que yacen bajo tierra, sacamos fotografías viejas, luces y banquetes para deleitar a nuestros invitados del más allá. En casa, con ayuda de mis hijos, armé una ofrenda para Avelina, contenía, aunque humildemente, todo lo que a ella le gustaba, mi pensamiento era que cuando ella viniera, la pasara muy contenta entre nosotros. Agustina mi hija, me platicó que la soñó pidiéndole que le hiciera un mole rojo con pollo, así que trajo una cazuela repleta del exquisito platillo y un montón de flores de cempasúchil que dieron color y aromatizaron toda la casa, mi hijo Aureliano y su esposa trajeron veladoras, pan y champurrado; yo por mi parte coloqué una cruz, su foto en el centro y un par de aretes que se ponía en los días de fiesta, sabía que le gustaría verlos de nuevo.

Cerca de la media noche, la gente se retiraba a dormir, una a una se iban apagando las luces dentro de los jacales y ya pocos éramos los que quedábamos platicando mientras tomábamos buen pulque. Mis hijos se despidieron y pronto me quedé solo, me fui a acostar pero no podía dormir, o más bien no quería dormir, tenía en la mente un revoltijo de pensamientos: mis deberes del día siguiente se enmarañaban con mis recuerdos de la presencia de Avelina en la casa; cuando cocinaba, cuando se sentaba a tejer, cuando daba de comer a las gallinas, cuando trenzaba su cabello y sonreía, todas esas imágenes me andaban dando vuelta en la cabeza y creo que fueron las que la llamaron. 

Empezaba a quedarme bien dormido cuando oí ruidos en la cocina, miré hacia allá y la luz de las veladoras reflejaban una sombra en las paredes, imaginé que algún maldoso hombre se había metido a tomar las cosas de la ofrenda, así que levantándome muy despacio tomé el cuchillo que guardo a lado de mi cama para prevenirme de estas cosas y me moví sin hacer ruido para sorprender al ratero.

Mis ojos se abrieron bien grandes y los pies me empezaron a tambalear cuando miré a Avelina parada frente al espejo de la mesita contemplando su reflejo mientras se ponía los aretes, tenía el mismo largo cabello negro que empezaba a llenarse de canas, tal como lo recordaba; la misma piel, los mismos labios, era como si el tiempo se hubiese detenido en ella. El cuchillo se me fue resbalando de las manos como si tuviera mantequilla y me fui acercando; ella se dio la vuelta y me miró dulcemente, me sonrió mientras caminaba hacia a mi diciendo: 
- Te he extrañado, viejo- yo la abracé muy fuerte y le respondí- Y yo a ti, mi Avelina, yo a ti. 

Pasamos el resto de la noche tomando atole y trayendo a colación el pasado, nos acordamos de buenos momentos, le enseñé qué tanto han crecido sus plantas, la llevé a que escuchara a sus pájaros para que viera que tienen el mismo trinar de siempre, el que tanto le gustaba escuchar en las mañanas. Sin darnos cuenta ya eran las cinco de la mañana, ella echó un vistazo al cielo y por la mirada que puso, supe que tenía que irse, le agarré la mano y le pedí que regresara, que no me dejara tanto tiempo solo, ella dijo:
-Aunque no me veas como ahora, cuido de ustedes y de nuestra cosecha de trigo, estoy encargada de que tu trabajo dé frutos y siga fuerte. Aunque descanso entre los girasoles, el alma de quien se va reclama regresar al hogar, al centro de la existencia. Cada que veas que el viento sopla fuerte entre el trigo, estoy aquí, entre nuestra herencia, entre nuestra tierra y el trabajo que algún día será de nuestros nietos.

Desde entones cada año la espero con fervor, ella viene y me platica cómo estará la cosecha durante todo el año y qué hay que hacer para mantenerla; yo sigo sus indicaciones al pie de letra y todo va bien. Cada 2 de noviembre viene a platicar conmigo, bebemos un trago, bailamos un poco y me deja contento. La última vez me aseguró que ya falta poquito para que no haya más despedidas, que ya merito vendremos juntos a visitar a los hijos y a los nietos, no me dijo cuándo pero sé en el corazón, que será pronto.


Las niñas que nacen en cuna de oro

Niñas pequeñas que nacen con la simpatía de papá y los rasgos de mamá, que reposan y se mecen dentro de una cuna de oro, pequeñas cuyas madres hacen actuación y laboran con los padres en telenovelas donde son ellos quienes realizan la producción. Niñas con suerte dicen muchos, no conocen y probablemente nunca conocerán la precariedad.

Niñas que crecen y deciden seguir los pasos de mamá, se aseguran los estudios pero no importa si declinan, tienen ya un lugar asegurado en el mismo imperio que fabricó la imagen de mamá. 

Niñas que ahora son mujeres de la alta sociedad, que se saben de sangre azul, aparecen en revistas de moda, compran sólo la mejor ropa de marca y hacen lo posible porque su nombre florezca en las pantallas.

Mujeres que comen con la realeza de Inglaterra y en su viaje lucen vestidos Dolce & Gabbana, pasean con bolsos costosos y cargan en ellos unos cuantos salarios de la prole mexicana.

Mujeres bellas y envidiadas, que viven tras pilares de mármol, alejadas de una realidad que no las alcanza, que para ellas no puede ser verdad. Mujeres que tocan con la punta de los dedos su ansiada felicidad, la que a veces sienten lejos cuando quieran o no, llevan a cuestas la elección de la nueva pareja de mamá. 

Mujeres de las que escribo porque comparto con ellas la nacionalidad pero no el código postal ¡una suerte a decir verdad! que en un país de jodidos no conocen y nunca conocerán la precariedad.

Turbación

¿Qué hace una mujer proletaria llenándose los senos y las manos con versos?
¿qué hace insistiendo y riñendo?
queriendo parir algo más que otro cuerpo
o ocupar el presente armando el futuro 
ese que nunca se sabe si de verdad vendrá

Qué gana contemplando y juntando imágenes de la muerte
si a ella al fin y al cabo más tarde que temprano
o más temprano que tarde irá
qué es lo que hace helándose, aislándose
repartiéndose entre cuatro paredes oscuras

Qué hace una mujer sin tiempo para tales menesteres 
exaltando sus miserias,
juntando sus incertidumbres todas como un trofeo
entrando voluntariamente en contradicciones
deseando todo en carne viva
qué hace acurrucándose a un poema de Pizarnik o a uno de Huerta
qué es lo que la hace tan terca e ingenua
llenándose de enfermedades estomacales y desvelando las noches 
qué es lo que quiere que no encuentra aquí
donde no hay nadie que le solape los textos 
ni las ganas de hacerlos

No esperes que te cubra lo mismo que te exhibe
aspira a más, aspira a más- le dicen-
cómprate un poco de poder sobre los demás
fíncate tú que puedes, que aún puedes
no te hundas, estás cavando tu propia tumba
tu tumba, tu turba, tu penumbra
tu deseo te degolla lentamente

Decadencia, decadencia puede ser la palabra, no lo sé
Qué haces mujer, qué haces